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El Faro de Vigo,
21 mayo 2000
MANUELA
LóPEZ BESTEIRO CONSELLEIRA
"Hoy
en día ninguna mujer se arriesga a perder el trabajo por tener un niño
Dicen que tiene puño
de hierro en guante de seda. Y probablemente sea cierto, porque en política
ni quizá en ningún otro oficio no se llega a donde ella ha
llegado siendo débil. En todo caso resulta una persona encantadora que
consigue revestir la educación, e incluso el protocolo, de una
cordialidad tierna. Inteligente, se ciñe con habilidad a las
situaciones y siempre da a las preguntas la respuesta que más le
conviene. No pierde el tiempo en dialéctica florida.
A
este paso habrá que cambiarle el nombre a su departamento, conselleira.
Ya
me dirá.
Con
la familia en crisis, cada vez menos juventud y el empleo que no
arranca, me dirá usted a mí.
Bueno,
quizá tenga algo de razón, pero hay que matizar mucho. Para empezar le
diré que la cuestión del envejecimiento de la población es un
problema que preocupa no sólo a este departamento, sino a toda la
Xunta, y a su presidente en primer lugar. El primero en plantear el
problema de la natalidad en Galicia ha sido Manuel Fraga, y eso
demuestra que tiene una gran visión de futuro.
Cuando
dijo, hace años, aquello de que había que tener tres hijos por familia
hubo mucha gente que se rio.
Bueno,
ahora ya no se ríen. Pero para ser ponderados y poner las cosas en su
sitio, yo digo siempre que hay que distinguir entre lo que es tasa de
natalidad y tasa de fecundidad. En la primera sólo hay una comunidad en
España que está peor que nosotros, que es Asturias. Pero ahí influyen
dos cuestiones: el número de niños que nacen y el número de personas
mayores. Galicia, y nos tenemos que felicitar por ello, es un país
longevo, pero además está viviendo un proceso de retorno de muchas
personas que en los años sesenta se fueron a trabajar fuera; sus hijos
se quedan donde están, pero ellos vuelven al jubilarse, y eso hace que
crezca la proporción de personas mayores en relación a los jóvenes.
No digo que estamos bien, pero eso es así. En cuanto a la tasa de
fecundidad, que es el número de niños que nacen de mujeres
comprendidas entre los quince y los cuarenta y nueve años, estamos en
la media del resto de las comunidades. Y está peor que nosotros, por
ejemplo, Cataluña, que en otras cosas nos supera. Es evidente que hay
que hacer esfuerzos porque Galicia tenga más nacimientos, cuyo número
tiende a estancarse en los últimos tres años después de un descenso
acusado en los anteriores. Ahora estamos en torno a los dieciocho mil
trescientos, y si ese estancamiento se mantiene, mejoraremos. Pero no
hay garantías aún. Ni tenemos datos para afirmar que la tendencia se
invierte, porque son pocos años.
De
lo que se deduce que no hay aún datos que permitan hablar del fin de la
crisis demográfica. Una crisis que ha movilizado a la oposición. A los
que antes se reían de las propuestas del señor Fraga.
Algunos
dijeron que ponía a las mujeres a parir...
Bueno.
Ahora proponen hasta un pacto demográfico. Se habló mucho de eso hace
un mes, incluso de que era el comienzo de una nueva cultura política.
Pero ahora ya casi se ha olvidado: una vez más, ¿fuese y no hubo nada?
Algo
hay.
A
ver.
A
propuesta del presidente se ha creado una comisión dividida en grupos
de trabajo que ya se están reuniendo. De esos grupos uno tiene que ver
con inmigración, otro con conciliación de la vida laboral y familiar,
otro con ayudas directas y de fiscalidad a familias con niños y otro
que tiene que ver con servicios de apoyo. Y están ahí la consellería
de Educación, por supuesto la nuestra que es la que está liderando los
grupos, está Política Territorial con el Instituto de Vivenda, la de
Sanidade y Servicios Sociais y la de Economía.
Usted
dice que están trabajando y yo la creo. Pero ya sabe que alguna tradición
de este país permite pensar que cuando se pretende que algo no funcione
se crea una comisión.
De
estas comisiones van a salir propuestas. Y soluciones, por tanto. Pero
en la reunión de la Xunta en Vilalba hemos debatido un plan de
conciliación de la vida laboral y familiar en el que se incluyen también
propuestas. E insisto en que son propuestas porque el problema no se
puede resolver sólo desde la Administración. Hay que contar con las
familias. Es cierto que estas tienden a tener hijos cuando la situación
general y personal va bien y hay perspectivas de mejora, pero aún así
hay que habilitar ayudas.
Eso
puede ser así, pero algunos datos lo contradicen. Ha mejorado el nivel
de vida, pero los jóvenes tienden a irse de casa de sus padres más
tarde que antes. Incluso los que tienen trabajo. A pesar, insisto, de
que según dice el PP, España va bien.
No
sólo lo dice el PP: yo creo que España va bien...
Bueno.
Pero, a la vez, hay quien dice que se aplica aquel lema medio ácrata
del Vive de tus padres hasta que puedas vivir de tus hijos... ¿No? Va a
hacer falta una política global, que no sé si existe ya.
La
estamos poniendo en marcha. La concepción de los grupos de trabajo es
eso, la articulación de una política global. Y hay que hacer más, hay
que ir a una política fiscal que no castigue a las familias que tienen
hijos. En España hemos pasado de carecer en absoluto de política
familiar a la articulación de una de tipo global desde que el PP llegó
al Gobierno. Y no lo digo porque yo sea del PP, sino porque es así.
Pero hay que seguir avanzando, y deben colaborar otras instituciones,
empezando por los ayuntamientos, muy interesados también, como es lógico,
en frenar la disminución del censo.
¿Y
el cambio de mentalidad?
Pues
es cierto, pero hay que asumirlo. Y tiene explicación. Hoy en día los
estudios terminan más tarde, son más largos y, al graduarse, los jóvenes
buscan un trabajo estable, y quieren comprarse un piso, y un coche...
Quieren vivir en la primera etapa lo que nuestra generación dejaba para
la jubilación. Y ese anticipar el disfrute les lleva a tener hijos más
tarde. Yo digo, medio en broma pero en serio, que luego vienen a las
listas de espera de adopción, porque a veces deciden tarde la
paternidad. Y además hay otros cambios, que no tienen que ver con los
valores pero sí con la capacidad de vivir más tiempo. Todo eso hay que
valorarlo e interrelacionarlo, y por eso prestamos especial atención a
lo que hemos llamado conciliación de la vida familiar con la vida
laboral como mejor remedio para resolver la crisis demográfica. Porque
hay un eje central: la necesidad de compartir tareas familiares, porque
hoy ninguna mujer se expone a perder un trabajo por tener un niño.
Quizá
en ese marco resulte necesario eliminar medidas proteccionistas para con
la mujer. Y eso supone críticas.
No
lo creo. Más bien habrá que aumentar las ayudas.
Los
empresarios pueden considerar poco rentables los permisos de varios
meses por natalidad, verbigratia.
Hay
mucho que matizar. Los permisos por natalidad se pueden compartir ya
entre el padre y la madre. En todo caso hay que ir más allá y recordar
que la política de protección de las madres es política de protección
de los niños: si hay un embarazo, no te impide trabajar, y dar a luz es
un acto rápido. Lo que pasa es que, luego, el cuidado de los niños ha
de ser un trabajo compartido. De ahí la importancia del reparto del
permiso, que los hombres sólo están haciendo en un dos por ciento. Y
por lo que respecta al coste de la sustitución de los permisos por
natalidad, hoy son muy bajos. El coste de la Seguridad Social lo asume
con bonificación el Estado y la Xunta. Nosotros le damos la subvención
para el otro que contrata. O sea, que durante esos cuatro meses, la
empresa tiene un trabajador por el que no tiene que sufragar costes
sociales. Pero hay que seguir profundizando en ayudas.
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