Diario Médico, 31 enero 2000

Cómo prevenir los trastornos de la conducta entre los infanto-juveniles

Vivir en familia, la terapia más saludable para los niños

La mayoría de los problemas de la conducta infantil, como agresividad, anorexia y bulimia o drogadicciones, entre otros, tienen su origen en la ausencia de un marco saludable de vida familiar.

Los trastornos de la conducta infantil tienen una incidencia de casi el 20 por ciento. Comportamientos agresivos, bulimia y anorexia, los problemas derivados de maltratos, la drogadicción y las alteraciones por pertenencia a sectas son los principales grupos patológicos que preocupan más a los expertos que atienden a niños con problemas psiquiátricos.

La mayoría tiene su raíz en la ausencia de un marco saludable de vida familiar. "Convivir en este ambiente con un padre y una madre donde existe diálogo y respeto proporciona una base para evitar trastornos afectivos o psicológicos", explica José Tomas, responsable de la Unidad de Paidopsiquiatría del Hospital Materno-infantil de Valle de Hebrón, en Barcelona.

Factores externos

Pueden existir factores externos como la influencia de los medios de comunicación en la violencia, las relaciones con otros niños o la exposición a modelos de cultura despersonalizantes, "pero lo determinante es la relación familiar del niño con sus padres, sus hermanos y el resto de su familia".

Sin embargo, el ambiente familiar saludable puede resultar complejo en algunas situaciones. 
"La desestructuración de la pareja y la unión entre personas de igual sexo son fenómenos que aumentan y no sabemos a donde nos pueden llevar". En las crisis por ruptura de pareja es difícil establecer si los trastornos se originan antes, durante o después de la crisis, pero no cabe duda que, ante una separación o divorcio, "los padres deben ser conscientes de que han de mantener una relación educada y que no perjudique a la estabilidad emocional del hijo porque éste detecta cuándo hay intención de dañar o perjudicar al cónyuge". En estas situaciones, el riesgo de trastorno puede darse también en los padres. Tomás es partidario de mantener el trato con los hijos: "Si se deja de lado la relación con los niños, excluimos la posibilidad de perfeccionar y reforzar la relación con la familia".

Otros procesos típicos que pueden conducir a estados depresivos o ansiosos son los de maternización o paternización en la educación del niño. "Si la relación afectiva que se establece entre el niño y uno de sus padres excluye radicalmente al otro de la afectividad a la que está acostumbrado, pueden presentarse psicopatologías", explica.

Libertad y coherencia son dos criterios fundamentales para prevenir algunas alteraciones de la conducta. "Libertad significa que se ha de dejar al niño que actúe, con la idea de que no vale todo y sin caer en la dejación de funciones". La coherencia supone que el niño "tiene que reconocer en sus progenitores realmente la figura de sus padres y no la de un amigo, que pertenece a otro nivel de relación". La fuerza física o la intimidación no son efectivas, "pero después de una reprimenda no tiene sentido excusarse ante él inmediatamente".

Diferencia 

La incomunicación y la insolidaridad social "llevan a centrarnos más en nosotros y en nuestro problemas personales". Es un fenómeno que también se produce en el seno de las familias donde los padres se dan cuenta de la diferencia generacional con sus hijos: "Podemos ayudarlos con sus problemas, pero por mucho bakalao que oigamos no tendremos la misma sensibilidad y nuestro enfoque para asesorarlos será distinto".

Algunas alteraciones relacionadas con la anorexia o bulimia tienen también su origen en una descomposición de los hábitos familiares. "Tenemos que adaptarnos a nuestro ámbito de vida, con multitud de horarios, pero siempre se puede inculcar hábitos como el de intentar reunirse para una de las comidas o desconectar la televisión cuando se reune la familia".

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