La Vanguardia, 30 enero 2000
ENTREVISTA a José Antonio García Durán, economista
"El envejecimiento de Europa no se arregla sólo con inmigrantes, hay que tener más hijos"
RAMON AYMERICH
Catedrático de Economía de la Universitat de Barcelona y profesor extraordinario en
Navarra, García Durán es uno de los escasos economistas españoles interesados en
cuestiones como el envejecimiento, la natalidad y la inmigración. Para él, la respuesta al
envejecimiento de Europa no está sólo en captar inmigrantes, sino en recuperar las
tasas de fecundidad de años atrás y reformar sus sistema de pensiones.
-¿Qué piensa del informe que prepara la ONU y que sugiere que Europa necesita 157 millones
de inmigrantes en los próximos 50 años?
-Lo conozco por haberlo leído en "La Vanguardia". Y me parece exagerado. Las cifras que he
visto en los papeles de la UE y la OCDE no van en esa dirección. Lo último que he leído, el
informe McMorrow, que es de diciembre de 1999 y sobre el cual trabajan los políticos de la
Comisión Europea, habla de 500.000 inmigrantes anuales, unos 25 millones en 50 años. Eso
es seguir como hasta ahora. McMorrow piensa que, con eso, la reforma del sistema de
pensiones y más flexibilidad laboral, habremos resulto el problema del envejecimiento. Claro
que él es un optimista.
-Un optimismo que usted no comparte...
-Estamos hablando de envejecimiento, que es algo completamente nuevo. No tenemos
experiencia histórica de ello. Desde Vandellòs sabemos que la solución está en captar
inmigración, invertir en el exterior y volver a tener hijos. Eso es ser optimista. Ahora hay una
nueva versión de ese optimismo, que no es otro que la tesis que avanzó Gary Becker, Nobel de
Economía de la Escuela de Chicago. Él decía: tendremos menos hijos, pero serán de mayor
calidad, invertiremos en ellos veinte años de educación y seremos todos más felices. Es lo que
ha venido ocurriendo desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
-Y, ¿dónde está el problema?
-En que desde 1975 eso ha dejado de ocurrir. Hay autores como Reddaway que han explicado
que, si no tienes un número suficiente de jóvenes, no tienes mercado para las novedades, que
es lo que gusta a los jóvenes. Y si no hay mercado para las novedades, tampoco se inventa. La
innovación tecnológica, el progreso técnico, se detienen. No hay masa crítica ni para las
innovaciones técnicas ni para el consumo. Como diría Pierre Vilar, una sociedad sin "fadrins"
carece de dinamismo.
-No hay motivos, entonces, para el optimismo.
-Los humanos sabemos resolver los problemas. Hasta ahora nos decían: no os preocupéis, la
mujer se ha incorporado al mundo del trabajo y ha aplazado diez años la hora de tener hijos.
Era la tesis de Anna Cabré. La caída de la fecundidad, decía, es engañosa. Ya se recuperará.
Y lo cierto es que la fecundidad no se ha recuperado.
-¿Dónde está la solución?
-Lo único que puedo decirle es que el envejecimiento de Europa no se soluciona sólo con
inmigrantes. Hay que reformar el sistema de pensiones e insistir en la cuestión de la
fecundidad. Antes, en el trabajo, lo importante era la fuerza física. Ahora lo es la inteligencia. Y
en eso la mujer nos puede ganar a los hombres. Es algo que justo empezamos a asimilar. Por
eso no sabemos todavía cómo compatibilizar la maternidad con el trabajo en las empresas.
-Desde Europa se citan alternativas complementarias a la inmigración: aumentar la tasa de
actividad o prolongar la edad de jubilación.
-Es verdad, en edades altas tenemos una tasa de actividad diez puntos por debajo de la
americana. Pero, si ponemos más mujeres a trabajar, la fecundidad caerá todavía más. En
cuanto a la jubilación, tenemos un sistema que dice que, cuando has cotizado treinta años,
tienes derecho a una pensión completa. A partir de es fecha, todo lo que cotices es un regalo
que le haces al sistema. Estás incentivando que la gente se retire muy pronto.
-Insiste mucho en recuperar la fecundidad. Sin embargo, las políticas natalistas desarrolladas
hasta la fecha no han funcionado.
-No. Está claro que no basta con incentivos fiscales al tercer y cuarto hijo. Tampoco han
funcionado las subvenciones, las guarderías gratuitas y todo eso. En Suecia, por ese sistema
se logró un pequeño repunte de la fecundidad, pero ésta ha vuelto a bajar. Hay algo más de
fondo...
-¿De qué se trata?
-La cultura. Tener hijos es expresión de generosidad. Si una mujer o un hombre no quieren
tenerlos, es que algo falla. Personalmente, pienso que se trata de algo cultural. Los mensajes
que nos llegan del cine y la televisión son de solteros listos y felices. Si en esas imágenes no
aparece nunca una madre con tres hijos, acabas pensando que tener tres hijos es algo
marginal y extraño.
-Decir a una mujer de hoy que tenga tres hijos equivale prácticamente a dejarla en casa....
-Estoy de acuerdo. Las empresas deben resolverlo. Debemos buscar un sistema que valorice
la maternidad. Pero es todo tan nuevo que no sabemos todavía cómo hacerlo.
-En Estados Unidos crecen cinco veces más rápido que nosotros y consumen la misma cultura.
¿En qué son diferentes?
-No lo sé. Existe también un debate sobre la ciudad difusa y la ciudad compacta. Pienso que
las grandes aglomeraciones de pisos no animan a tener muchos hijos. En cambio, la ciudad
dispersa, los grandes suburbios americanos, sí. Es probable que la "caseta i l'hortet" que decía
Macià predisponga a tener más hijos. Pero son factores que no lo explican todo.
-Entonces, ¿qué debemos hacer?
-De entrada, admitir el problema. Los políticos deben ir por delante. Ahora que estamos en un
cambio de milenio, es un buen momento para mirar hacia delante. ¿Qué resulta más duro
explicar a la opinión pública? ¿Que debe aceptar 50 millones de inmigrantes? ¿Que debemos
valorar más la maternidad o la paternidad? ¿Que tenemos que cambiar el sistema de
pensiones? Las tres son propuestas chocantes, pero hay que irlas diciendo, no podemos continuar con el optimismo del avestruz.
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