| El Correo, 29 marzo 2000
El tabú de la familia numerosa
El
estereotipo queda roto cuando encontramos padres y madres agnósticos, jóvenes,
de clase media o media alta, de ideología liberal, que desean tener
varios hijos
José
María Romera
La
imagen de Alberto Closas y Pepe Isbert al frente de una caterva de
mocosos de ambos sexos en 'La gran familia' ya no es sólo arqueología
del celuloide, sino un imposible demográfico. Y, por si eso fuera poco,
está mal visto, es políticamente incorrecto. Para la mayoría de españoles
de hoy, el concepto de familia numerosa viene asociado con el
nacionalcatolicismo de la época franquista, con el subdesarrollo, la
ignorancia y la imposición irracional de preceptos religiosos en el ámbito
privado de la procreación y de la sexualidad. El país ha pasado en
pocos años de ser uno de los más fértiles a rozar la tasa más baja
de natalidad de Europa, y este fulminante cambio es interpretado como un
sano indicio de progreso social y de adaptación a los valores democráticos.
Sobre
la actual familia numerosa -administrativamente, la que tiene tres o más
hijos, o incluso dos en el caso de que uno de ellos sea discapacitado-
recae el baldón de lo retrógrado, al estimar que las parejas con
varios hijos representan uno de los símbolos del tradicionalismo y de
la resistencia a la modernidad. Y en buena parte es cierto, pues estadísticamente
casi todas estas familias pertenecen a grupos de arraigada mentalidad
religiosa o, en el caso de las clases más bajas, presentan un bajo
nivel cultural e ignoran los métodos anticonceptivos.
Ni héroes ni insensatos
Mas
no siempre ocurre así. El estereotipo de familia numerosa irresponsable
queda roto cuando encontramos padres y madres agnósticos, jóvenes, de
clase media o media alta, de ideología liberal o de izquierda, que
desean tener varios hijos o los tienen ya. No son muchos casos, pero
empiezan a aumentar a despecho de estigmas y críticas. No son héroes
ni insensatos: han tomado decisiones meditadas, han sopesado los pros y
los contras y han traído al mundo cuatro, cinco hijos, convencidos de
su acierto. Consideran que carga tiene bastantes gratificaciones, tanto
para ellos como para su prole.
Dejando
aparte controversias demográficas y psicologistas, parece comprobado
que los niños con varios hermanos desarrollan valiosas capacidades y
aptitudes. Entre ellos se establecen vínculos de intercambio que
fomentan la sociabilidad. Aprenden a compartir espacios, juguetes,
aficiones e incluso ropas de manera solidaria, creando fórmulas
cooperativas nada despreciables en tiempos de consumismo galopante. Son
menos vulnerables a los celos y la rivalidad, y desde pequeños se van
habituando a la autonomía, a las tareas domésticas y a la creatividad
en la solución de situaciones.
Bien
es cierto que esto exige una atención permanente de los padres, quienes
por su parte tienden a desdibujar la divisoria tradicional entre los
papeles de hombre y mujer puesto que ambos han de atender por igual las
necesidades de la vida doméstica. Los riesgos son evidentes, pero a
cambio también son grandes las compensaciones afectivas. Todavía el
sacrificio mayor en tales casos suele corresponder a la madre. Pero no
hasta el punto de renunciar a una realización personal más allá de la
restringida a la maternidad. Frente a la clásica madre en perpetuo
estado de buena esperanza, la mujer de ahora puede dosificar a voluntad
los ciclos de procreación merced a unos avances de la ginecología que
prolongan notablemente los años de fertilidad sin riesgo. Ya no es tan
raro el caso de mujeres que, tras haber tenido una o dos criaturas en su
juventud, deciden engendrar o adoptar una nueva pasados varios años.
Recursos económicos
Quizá
no está tan justificada como parece la alarma del descenso demográfico.
El modelo de familia larga y estrecha que sucedió al 'baby boom' de los
años 70 parece destinado a ser el mayoritario. Pero, siempre y cuando
se disponga de recursos económicos suficientes y se pongan al alcance
de más sectores de población ciertos medios materiales (viviendas
unifamiliares, vehículos monovolumen, comedores escolares,
desgravaciones fiscales suficientes, etc.), los prejuicios y las
prevenciones respecto de la familia numerosa -que no multitudinaria- irán
desapareciendo. Y ya no será una cuestión de creencias, de lucha de
sexos, de tabúes o de cultura, sino una opción más dentro de la
infinidad de modelos familiares que emergen con los nuevos tiempos.
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